miércoles 21 de abril de 2010

comentarios otoñales

Hoy mientras esperaba la micro, me deshice esperando una que tuviera un cartel que dijera "cualquier lugar". Después de una tediosa espera, sólo encontré las mismas de siempre, sas que te llevan a los mismos lugares de siempre, esas que te transportan a esa realidad que quieres evitar.

Estoy convertida en una mamonahipermegasensible que, mientras más conoce las palabras, menos puede expresarse. No es fácil enfrentarse a esto, sobre todo si eres acuario. No es tan simple moverse por ciudades y lugares donde ves los mismos grafitis y los mismos viejos hechos mierda que producen tanta empatía, porque en el fondo sabemos que todos llevamos ese espíritu dentro. Esa actitud decadente, solitaria y, de alguna forma, rebelde. Me gustaría ser más valiente y no tener ganas de llorar todo el tiempo. Por eso me gusta tanto el otoño, porque cuando me veo al espejo me veo tal cual soy. Veo esas debilidades que son tan mías y a las que cada día estoy más apegada. Que me hacen ser quien soy. Una envidiosa resentida y rencorosa que es absolutamente tierna, a su manera y que se entrega de una forma que cuesta captar. No soy tan diferente, ni tan especial, pero ¿quién lo es?. Un estallido constante, que se repite una y otra vez. Una explosión de pena y alegria, de pesadillas y sueños, de sonetos y antipoemas, un poco de todo y un poco de nada. Un pie incompleto, un estómago frágil y colérico y una nariz llena. Los doctores nunca fueron capaces de decirme que esto era una representación exacta de qué es lo que soy. Un ser humano defectuoso, como todos, que está siempre al borde del estallido emocional.


Mucho color, pero hoy de verdad esperé esa micro...y si no llegó hoy, será mañana o pasado, pero me niego a recorrer estos caminos y me niego a ir esquivando este campo minado. Al final, la mejor parte es el estallido final que dura un segundo. Que no permite interrupciones ni cuestionamientos.

Y desviarse y desviarse y desviarse, hasta que abres los ojos y ya nada es igual. Hasta que tus pestañas son diferentes y tu sangre corre en dirección contraria.

Por esto me gusta tanto el otoño. ¿Se entiende? Porque detrás de una sonrisa, hay una pena, y de una pena un recuerdo, y de un recuerdo una experiencia, y de una experiencia un sentimiento, y de un sentimiento, una sonrisa, una pena, un recuerdo y una experiencia y otro sentimiento café al que se le caen las hojas con el viento.

2 comentarios:

Miguel dijo...

Este maricón del otoño me tiene bajoneado y medio predecible.
Me gustó, nos vemos

desatar dijo...

No soy tan diferente, ni tan especial, pero ¿quién lo es?.